Casi nadie puede señalar el día en que empezó. Se instala de a poco, y para cuando la persona se da cuenta de que algo pasa, ya lleva meses acomodándose.
Lo que sigue es el orden en que suele aparecer, que ayuda bastante a reconocerla temprano.
¿Por dónde arranca?
Por el autocuidado.
Es lo primero que se cae y lo último que se mira. Empezás a espaciar las duchas, la ropa se acumula, dejás de cocinar y comés cualquier cosa parada en la cocina, la casa se va desordenando de un modo que antes no tolerabas. Nada de eso se decide. Se va corriendo solo.
Desde adentro se explica como cansancio, o como que estás en una época complicada. Desde afuera muchas veces ni se ve, porque pasa puertas adentro.
Y después, ¿qué?
Las cosas que te daban placer dejan de dártelo.
Acá está la parte que más ayuda a distinguirlo, y viene con un detalle que suele pasarse por alto: esas actividades dejan de gustarte sin que hayas cambiado de preferencia. No es que ahora te guste otra cosa y por eso dejaste el fútbol de los martes. Seguís queriendo que te guste el fútbol de los martes. Vas, jugás, y no sentís nada.
Esa diferencia es lo que separa haber cambiado de gustos de haber perdido la capacidad de disfrutar. La primera es parte de la vida. La segunda es un síntoma con nombre propio.
¿Por qué cuesta tanto darse cuenta?
Porque el cuadro trae su propia explicación.
La depresión no llega diciendo “soy depresión”. Llega con una lectura sobre vos: que sos vago, que te falta voluntad, que estás desagradecido, que otros están peor. Esa lectura se siente verdadera, y es la que hace que la gente tarde meses en consultar.
Se suma que buena parte de lo que se pierde es invisible desde afuera. Si seguís cumpliendo en el trabajo, nadie nota que hace tres meses que no ves a nadie.
¿Qué viene después si no se trata?
El círculo se cierra.
Dejás de hacer cosas, y al hacer menos hay menos oportunidades de que pase algo bueno. Con menos cosas buenas, el ánimo baja más. Con el ánimo más bajo, dan menos ganas de hacer. Cada vuelta refuerza la anterior.
Ese círculo es el que el tratamiento rompe, y por eso el trabajo empieza por volver a hacer, incluso antes de tener ganas.
¿Cuánto tiene que pasar para consultar?
Los criterios hablan de dos semanas con síntomas casi todos los días. En la práctica, si mirás para atrás y ves que hace más de un mes que el autocuidado se te viene cayendo y que dejaste de disfrutar cosas que seguís queriendo disfrutar, ya hay motivo.
Consultar temprano no es exagerar. Es menos trabajo del que va a costar después.
Preguntas frecuentes
¿La depresión siempre empieza con tristeza?
No siempre. Mucha gente describe más un apagón que una tristeza: nada le importa demasiado, ni para bien ni para mal. La pérdida de placer puede ser más notoria que el ánimo bajo.
¿Puede empezar sin que haya pasado nada?
Sí. Hay cuadros que aparecen sin un desencadenante identificable, y eso no los hace menos reales ni menos tratables.
Me pasó antes y se me fue solo. ¿Va a pasar de nuevo?
Hay episodios que remiten solos y también hay una tendencia a la recurrencia. Que se haya ido una vez no garantiza que se vaya la próxima, y tratarlo baja el riesgo de que vuelva.
¿Cómo distingo esto de estar quemado por el trabajo?
Se parecen, y a veces conviven. Una diferencia útil: si al desconectarte unos días recuperás las ganas, apunta más a agotamiento. Si el fin de semana o las vacaciones tampoco cambian nada, conviene evaluarlo.
Si te estás reconociendo en el orden que describe este artículo, mirarlo ahora cuesta menos que mirarlo en seis meses. Acá está cómo trabajamos el tratamiento de ansiedad y depresión.
Si estás pensando en lastimarte o en quitarte la vida, pedí ayuda ahora. En Argentina podés llamar al 135 desde CABA y Gran Buenos Aires, o al 0800-345-1435 desde todo el país. Es el Centro de Asistencia al Suicida, es gratuito y atiende las 24 horas. Si el riesgo es inmediato, llamá al 911 o andá a una guardia.
Manuel Marasco · Lic. en Psicología · MN 71168 Revisado en septiembre de 2026.
Bibliografía
- American Psychiatric Association. DSM-5-TR. Criterios del episodio depresivo mayor; anhedonia como síntoma central.
- Barlow, D. H. y cols. Protocolo Unificado para el tratamiento transdiagnóstico de los trastornos emocionales. Oxford University Press.
