TDAH

TDAH o ansiedad: cómo se distinguen cuando se parecen

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Stressed businessman overwhelmed by paperwork in office environment, demonstrating burnout.

Te cuesta concentrarte, postergás, la cabeza no para, dormís mal y todo el tiempo sentís que vas atrasado. Esa descripción encaja igual de bien en un cuadro de ansiedad que en un TDAH. Y buena parte de las personas que llegan a consulta con esa lista vienen tratándose de una cosa hace años, sin que nadie haya mirado la otra.

Distinguirlas importa porque el tratamiento cambia.

¿Por qué se confunden tanto?

Porque comparten la superficie: dificultad para concentrarse, inquietud, postergación, sueño interrumpido, sensación de estar desbordado.

Lo que las diferencia está debajo. En la ansiedad, la atención se va porque está capturada por la preocupación: estás pensando en algo, con mucha intensidad, y ese algo te saca de lo que tenías adelante. En el TDAH, la atención se va sin un contenido que la esté secuestrando; se dispersa sola, salta, y muchas veces ni siquiera podés reconstruir a dónde se fue.

Preguntarte qué estabas pensando cuando te distrajiste es un buen punto de partida. Si hay una respuesta clara y preocupante, apunta más hacia ansiedad. Si la respuesta es “no sé, me fui”, apunta más hacia el otro lado.

Uso una escena concreta para distinguirlas, y suele funcionar. Estás tirado en el sillón con el teléfono, sabiendo que tenés algo pendiente. Si en esa escena estás pensando todo el tiempo en lo que tenés que hacer, dándole vueltas, eso se parece más a ansiedad. Si estás en hiperfoco, sin preocupación por lo pendiente, o sabés perfectamente lo que tenés que hacer y hay una incapacidad de moverte que no viene acompañada de rumiación, eso se parece más a TDAH.

No es un criterio diagnóstico. Es una forma rápida de orientar la conversación.

¿Desde cuándo te pasa?

Es la pregunta que más ordena, y por eso la evaluación siempre va a la historia.

El TDAH empieza en la infancia. El DSM-5-TR pide que varios síntomas hayan estado presentes antes de los 12 años, y esa condición no es negociable. Un cuadro de ansiedad, en cambio, puede aparecer en cualquier momento de la vida, muchas veces asociado a un período concreto: un trabajo, una pérdida, una etapa.

Si te desorganizás desde que tenés memoria, y tu mamá todavía se acuerda de las notas que te ponían por “no prestás atención”, esa historia pesa.

¿Pueden estar las dos?

Sí, y es más frecuente que raro.

La mayoría de los adultos con TDAH tiene además otro diagnóstico, y los trastornos de ansiedad están entre los que más aparecen. El Consenso Internacional de la Federación Mundial de TDAH lo señala entre sus conclusiones: la comorbilidad es la regla en este cuadro, no la excepción.

Y hay una relación que se ve seguido en consulta: años de llegar tarde, olvidarte cosas, entregar sobre la hora y compensar el doble generan ansiedad por sí solos. La persona llega convencida de que su problema es la ansiedad, y en cierto sentido tiene razón, pero la ansiedad está creciendo sobre otra cosa que nadie trató.

De los dos errores posibles, en mi consulta veo mucho más seguido este: gente tratada durante años por ansiedad que en realidad tenía un TDAH sin diagnosticar.

¿Qué pasa si se trata solo una de las dos?

Que el tratamiento funciona a medias, y suele leerse como fracaso propio.

Si tratás la ansiedad de alguien con TDAH sin dirección, es probable que baje la preocupación y se sostenga la desorganización. La persona se siente mejor y sigue sin poder terminar lo que empieza. Al revés pasa algo parecido: entrenar habilidades ejecutivas en alguien con un cuadro de ansiedad importante sin abordar suele chocar contra el nivel de activación.

Cuando conviven, se trabajan las dos. En qué orden y con qué peso lo define la evaluación.

¿Qué mira un profesional para diferenciarlas?

Cuatro cosas, además de la historia.

El tipo de distracción. Capturada por una preocupación, o dispersa sin contenido. El patrón temporal. De toda la vida, o con un comienzo identificable. En qué ámbitos. El TDAH aparece en varios; la ansiedad a veces se concentra en un área específica. Qué hay debajo del insomnio. Dar vueltas repasando preocupaciones no es lo mismo que no poder frenar la cabeza para apagarse.

Una aclaración que me parece necesaria: no existe una señal aislada que confirme nada. Todo esto se lee dentro de la biografía de la persona. Dicho eso, hay dos cosas que a mí me hacen sospechar fuerte y me llevan a mirar con más detalle: una ansiedad muy resistente al tratamiento, y la presencia de tics.

Nada de esto se resuelve con un cuestionario. Se resuelve con entrevista clínica, historia de desarrollo y descarte de las otras explicaciones posibles.

¿Y si el diagnóstico que tengo hace años es el equivocado?

Vale revisarlo, sin dramatizarlo. Los criterios se fueron ajustando con el tiempo y el TDAH del adulto empezó a mirarse en serio hace relativamente poco. Que algo no se haya visto antes no invalida el trabajo que hiciste: buena parte de lo que aprendiste en un tratamiento previo sigue sirviendo.

Lo veo en consulta, y depende bastante de qué tratamiento hayan hecho antes.

Quienes vienen de tratamientos con foco en herramientas suelen retomar rápido las técnicas de regulación, que es lo que más les queda resonando. Eso no se pierde: se reordena hacia otro objetivo.

Quienes vienen de un recorrido psicoanalítico suelen llegar con enojo, y no tanto por el enfoque en sí como por la sensación de que su sufrimiento no fue validado. Esa bronca también es material de trabajo, y conviene decirlo: aparece seguido y no es un detalle menor en cómo arranca el tratamiento nuevo.

Lo que cambia es hacia dónde apunta el trabajo de acá en adelante.

Preguntas frecuentes

¿Puede la ansiedad causar TDAH?

No. El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo y empieza en la infancia. Lo que sí puede pasar es que un cuadro de ansiedad genere dificultades de atención y concentración parecidas a las del TDAH.

Tengo TDAH diagnosticado y además ansiedad. ¿Qué se trata primero?

Depende de cuál te esté costando más en este momento y de cuánto interfiera cada uno. Es una decisión que se toma en la evaluación y se revisa durante el tratamiento.

¿La medicación para el TDAH empeora la ansiedad?

Es una pregunta médica y la respuesta depende de cada caso y de cada fármaco. Corresponde conversarla con quien prescribe (psiquiatría o neurología). Los psicólogos no indicamos ni ajustamos medicación.

Me trataron la ansiedad y mejoré, pero sigo desorganizado. ¿Eso qué indica?

Puede indicar varias cosas, y una de ellas es que haya algo más además de la ansiedad. Es un motivo razonable para evaluarlo.

Si te reconocés en las dos descripciones, distinguirlas es parte de la evaluación. Podés ver cómo trabajamos el TDAH en adultos, y si al final lo que aparece es un cuadro de ansiedad, también tenemos tratamiento para eso.

Manuel Marasco · Lic. en Psicología · MN 71168 Revisado en septiembre de 2026.

Bibliografía