TDAH

Cómo se diagnostica el TDAH en adultos en Argentina

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Sospechar que tenés TDAH y no saber a quién consultar es un problema práctico bastante común. Hay psiquiatras, neurólogos, psicólogos, neuropsicólogos, y cada uno aparece nombrado en algún lado como “el que lo diagnostica”. Este artículo es para ordenar eso: qué incluye una evaluación, quién la hace, cuánto lleva y qué tendrías que recibir al final.

¿Qué es lo que se evalúa exactamente?

Se evalúa si tu patrón de dificultades cumple criterios diagnósticos y si no hay otra cosa que lo explique mejor.

Los criterios que se usan son los del DSM-5-TR. En adultos piden cinco o más síntomas de inatención, o cinco o más de hiperactividad-impulsividad, presentes durante al menos seis meses. Además: que varios síntomas hayan estado antes de los 12 años, que aparezcan en dos o más ámbitos, que interfieran de manera concreta con el funcionamiento y que no se expliquen mejor por otro trastorno.

Esa última condición es la que más trabajo da, y la que más se saltea.

¿A qué profesional consulto?

En la práctica, la evaluación de TDAH en adultos la hacen profesionales de salud mental con formación específica en el cuadro: psiquiatras, psicólogos y neuropsicólogos, según el caso. La formación específica pesa más que el título: el TDAH del adulto se ve distinto al de la infancia, y no todos los profesionales trabajan con él.

Lo que sí está claramente delimitado es la medicación. La indica un médico. Los psicólogos no prescribimos, y si en una evaluación aparece que vale la pena consultar con psiquiatría o neurología, se plantea y se deriva.

Preguntá directamente si el profesional evalúa TDAH en adultos. Es una pregunta razonable y la respuesta te ahorra tiempo.

Vale decirlo porque es lo que veo seguido: mucha gente llega después de años de tratamiento, a veces varios, sin que el TDAH se hubiera evaluado nunca.

Suelen contar dos recorridos. Uno es el de quienes pasaron años trabajando la procrastinación y las dificultades cotidianas desde la responsabilidad subjetiva, dentro de un marco psicoanalítico, y la vivieron con sufrimiento. El otro es el de quienes recibieron abordajes dirigidos a otros cuadros, como trastorno límite de la personalidad o trastornos de ansiedad, que no terminaron de surtir efecto.

No es que ese trabajo previo no haya servido. Es que faltaba una pregunta.

¿Qué incluye la evaluación?

Cuatro partes, y ninguna se resuelve en un encuentro.

Entrevista clínica. Cómo funcionás hoy, en qué ámbitos, con qué costo. No es un cuestionario leído en voz alta: es una conversación que va abriendo lo que hace falta.

Historia de desarrollo. Cómo te iba en la escuela, qué decían los boletines, qué recuerdan de vos en casa. El TDAH empieza en la infancia, y esta parte es la que decide muchos diagnósticos.

Escalas validadas. Se usan, pero como material dentro de la evaluación. La guía NICE es explícita en que un diagnóstico no se hace sobre el puntaje de una escala.

Descarte de otras causas. Ansiedad, depresión, trastornos del sueño, apnea, tiroides, consumo de sustancias. Algunos de estos producen cuadros parecidos y otros además conviven con el TDAH. Separar qué es qué es la mitad del trabajo clínico.

Por eso suelo pedir chequeos clínicos antes de cerrar nada, sobre todo hormonales. Las alteraciones hormonales inciden mucho más de lo que se cree en las emociones, la memoria y la atención, y cuando no se revisan es fácil atribuirle al TDAH algo que tiene otra explicación.

¿Por qué me piden información de otra persona?

Porque el recuerdo propio, solo, es una fuente débil.

Russell Barkley viene mostrando hace años que en TDAH el autorreporte tiende a subestimar el deterioro: la dificultad para monitorear la propia conducta hace que muchas personas se califiquen mejor de lo que las califica alguien que las observa. Por eso las guías clínicas recomiendan sumar información colateral cuando se puede conseguir.

En adultos eso puede ser una madre o un padre que recuerde la infancia, una pareja que convive con las dificultades actuales, boletines viejos. No es obligatorio y no siempre está disponible. Cuando está, el diagnóstico queda mejor apoyado.

¿Hace falta un estudio neurocognitivo?

No siempre. Depende de qué tan claro venga el cuadro.

El diagnóstico de TDAH es clínico. Una evaluación neuropsicológica puede aportar cuando hay que diferenciarlo de otro cuadro, cuando los resultados no cierran o cuando se sospecha algo más. Es presencial y la hace un neuropsicólogo.

En adultos, en mi experiencia, derivar a un neurocognitivo es más la excepción que la regla, y acá va una opinión personal, con tres motivos.

El primero es de especificidad. Un neurocognitivo no diagnostica TDAH por sí mismo. Lo que encuentra son patrones de rendimiento que no son exclusivos del cuadro: los mismos hallazgos aparecen en un trastorno de ansiedad, en una depresión o en alguien que viene durmiendo mal. Un resultado alterado no confirma TDAH y uno normal tampoco lo descarta.

El segundo son las altas capacidades. Buena parte de los adultos que llegan a un diagnóstico tardío las tiene, y eso hace que en un neurocognitivo puedan dar en la media. Ese resultado no aporta demasiado: compensaron durante años y el instrumento mide el resultado compensado, no lo que costó conseguirlo.

El tercero es el costo para el paciente. Es un proceso largo y estresante, con su carga de expectativa. Y los tests tienen efecto de aprendizaje, así que repetirlos tampoco resuelve la duda.

Nada de esto significa que la herramienta no sirva: sirve para lo que fue hecha, y hay casos donde hace falta. Significa que el diagnóstico de TDAH es clínico y se apoya en la historia, no en un puntaje.

No existe ningún estudio que dé el diagnóstico por sí solo. Ni imágenes, ni análisis de sangre, ni una prueba de atención aislada. Si alguien te ofrece eso como diagnóstico definitivo, desconfiá.

¿Cuánto lleva y qué recibo al final?

En mi práctica, la parte clínica suele llevar alrededor de tres encuentros. A veces menos, a veces más, según qué tan claro venga el cuadro y qué aparezca en el camino. Si además hace falta una evaluación neurocognitiva, eso suma su propio tiempo aparte.

Al final tendrías que recibir algo por escrito: qué se encontró, qué no, qué criterios se cumplen y cuáles no, y qué se recomienda hacer. Si no es TDAH, también corresponde que te digan qué sí apareció. Un diagnóstico que se entrega en una frase, sin fundamento y sin plan, no te sirve para nada.

¿Se puede hacer todo esto online?

En la mayoría de los casos, sí. La entrevista clínica, la historia de desarrollo y las escalas se hacen por videollamada sin perder calidad, y para muchos adultos con agenda ocupada es la diferencia entre evaluarse y seguir postergándolo. Si en el proceso hace falta un estudio neurocognitivo, ahí sí es presencial y se te orienta hacia dónde ir.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta una evaluación de TDAH?

Varía según el profesional y según cuántos encuentros lleve. Los valores se actualizan seguido, así que lo mejor es que nos preguntes por WhatsApp y te pasamos el vigente.

¿Las obras sociales cubren la evaluación?

Depende del plan. Muchas no tienen convenio directo con profesionales particulares, pero sí contemplan reintegro por factura. Conviene consultarlo antes con tu cobertura.

¿Me pueden diagnosticar en la primera consulta?

No debería. Una primera consulta sirve para orientar y decidir si corresponde evaluar. El diagnóstico necesita historia, criterios y descarte, y eso lleva más de un encuentro.

Ya me diagnosticaron de chico. ¿Hay que volver a evaluar?

Conviene revisarlo. Los criterios cambiaron con los años y el cuadro se expresa distinto en la adultez. Además, muchos diagnósticos de la infancia se hicieron sin la información que hoy se pide.

Si estás en el punto de querer evaluarlo en serio, acá podés ver cómo lo hacemos: el tratamiento del TDAH en adultos arranca con la evaluación y sigue con las habilidades que haya que entrenar. La primera charla dura quince minutos.

Manuel Marasco · Lic. en Psicología · MN 71168 Revisado en septiembre de 2026.

Bibliografía